¡Que ya estamos cogiendo el avión!
Otra vez, de repente, sin previo aviso y sin darnos cuenta... ya estamos en Navidad. ¡Pero qué ganas de estas Navidades! Tantos años haciendo bromas con el anuncio del Almendro y ahora por fin "lo cojo" en todos sus sentidos. Creo que estas Navidades vamos a repetir esa escena unas cuantas veces... ¡¡¡¡Qué ganas de ir a casa!!!!
Tocan días de absoluta locura y ya estamos arrepintiéndonos de ir sólo 10 días. ¡No nos va a dar tiempo a ver a todos aquellos a los que queremos ver! Imposible. No da, no da. Pero haremos lo imposible. A ver si no morimos en el intento.
Por aquí, seguimos felices. Llegamos a Edimburgo el 1 de Septiembre y estos meses han sido toda una experiencia. Ha merecido la pena liarlo todo de esta manera, dejar trabajos, alquilar el piso, cambiar de país, pasar de la comodidad de estar en casa a tener que buscarte la vida. Durante estos meses, algo de inglés hemos aprendido, hemos vivido lo que es ser extranjero y tener, entre otros, problemas de comunicación. Hemos conocido gente fantástica y visto un poquito de Escocia, que es un país increíble, precioso, lleno de agua por todas partes.
El avance de Pablo con el inglés ha sido espectacular y sobretodo, muy gratificante. No hay nada como llegar a un país, no entender ni papa, no poder decir lo que quieres y poco a poco, ir siendo cada vez más capaz de hacer cosas antes imposibles. Creo que el truco está en disfrutar de cada pequeño avance: la primera vez que pides algo en una tienda, la primera llamada telefónica, la primera película en inglés... Todo. Es duro, para qué engañarnos, pero ¡se disfruta tanto cuando de repente entiendes!
Y yo también he aprendido un montón. El inglés sale más fluído y empiezo a asimilar la estructura y el sonido de este idioma, que no es poco. Ahora, hemos llevado un ritmo... Después de solucionar todas las primeras (y agobiantes) gestiones, nos apuntamos a clases de badminton y fitness para conocer a gente de aquí y nos presentamos a una profesora de español para entrar en contacto con sus alumnos y hacer intercambio de idiomas. Resultado: todos los días después de clase, quedábamos con alguien para hablar durante horas, o íbamos a actividades deportivas, y después leíamos libros o audio libros, o veíamos la tele en inglés, o estudiábamos,... Así sin dejar un minuto. Hace poco nos dimos cuenta de que no nos habíamos tomado una cerveza juntos, solos, desde el verano.
Y ahora que releo lo que acabo de escribir, ¡parece que os estoy llorando! Que no, que ha sido una gozada dedicar unos meses a estudiar un idioma y hemos disfrutado de cada cosa que hemos hecho. Y alguna que otra fiesta internacional (o española) también ha caído. A estas alturas, ahí nos veis, yendo a pisos a fiestas... En la última algún salvaje terminó meando en la bañera y robándole los jaboncillos, monísimos, a la dueña.
Y yo no me creía capaz de estar estos tres meses largos sin trabajar, pero ¡resulta que lo soy! ¡Qué cosas! De todos modos, en enero todo cambia y nuestros planes son trabajar y estudiar: Pablo va a estudiar un curso part-time y tratará de buscar un trabajo también de media jornada y yo, ya tengo ganas de trabajar, así que buscaré un currelo de jornada completa y estudiar en mis ratos libres. Veremos qué sale. Enero no es buen mes para encontrar trabajo, pero bombardearemos Edimburgo con nuestros CV hasta tener algo. La única condición es que podamos oír y hablar inglés, que para eso hemos venido hasta aquí. Y la duda es si mentir en el CV o no... ¿Pongo que tengo una amplia experiencia como camarera? ¡Si siempre se me cae la leche cuando la sirvo en casa!
Y de momento, ésta parece ser la última crónica del año (a ver si el siguiente me prodigo más). Espero que estéis todos muy bien, que disfrutéis de estas Navidades al máximo y que el próximo año sea un año genial para todos. Los deseos de siempre, pero más sinceros que nunca. En la foto, os mando una vaca peluda típica de aquí. "Pa" que veais lo que es una vaca escocesa.
